Hoy ando, como diría JL del “Señor de la Querencia” (que a todo esto nada que ver que me matara a Buenaventura): “Con el demonio metío en el cuerpo”. Así que el post va ser literal como el título. Sensibles o faltos de humor, abstenerse.
Dadas ya las advertencias, pasa que hace un par de días, en mi tiempo libre, o mejor dicho: cuando me tomo un respiro del bendito libro, me meto a facebook que además de la vida social de mentiritas, me da la oportunidad de revisar -husmear-la vida de antigu@s protagonistas de mi vida con testigos gráficos (ptas que le gusta subir fotos a la gente) y todo el show. Es así que siento una cosa macabra en el pecho, como cuando chica me daban ganas de apretar a los gatos a ver qué pasaba…
Es chistoso como ver por ejemplo a los que era los galanes de la capilla convertidos sapos y con cero posibilidades de volverse un príncipe tras el beso. O a las “lolitas” del liceo que me molestaban por gorda o se reían de mí y me ponían a prueba, hediondas a copete – cosa tan evidente, que de la foto se cacha el olor- de carrete en carrete, más botás que un deo y encima envidiosas: si vieran los mensajes que me llegado comentando a b o c acerca de mi ahora esposo ¿¡¿por qué la gorda no tiene derecho a estar con el lindo!?!? Y a las más simpatiquitas que eran las lindas, casadas o de pololas con un pelao o guatón u ojeroso, o ¡peor! todas las anteriores.
También en otra categoría entran los minitos que perseguimos por años en el metro, ¡o sea! no es que quiera ser cruel entrando en detalles, pero ya que estamos…no: edit out. Digamos que eran promisorios pero algo went wrong en el camino.
Voy a dejar este post en lo superficial, lo que se ve en el kilito de más o de menos, en los pelos de menos, en las cejas fuera del lugar, no hablemos de pegas o de situaciones familiares, porque ahí ya pasaríamos del humor negro a la maldad.
Lo que quiero decir en el fondo es: ¡Cómo la vida nos sorprende con estas vueltas de tuerca! Igual, mientras escribo pienso que tal vez, por este post me va a salir una verruga en la nariz, perder la pega o algo (una cuestión de karma, digo yo). Mi teoría es la siguiente:si fuiste un adolescente retorcido, como ¡ja! para qué decir nombres, después se te va a acomodar el cuerpo para mostrar lo que había adentro hace unos lustros: ¿¡¡¿y no me voy a ganar el Nobel por esto!?!?!?
